Después del Mundial no Viene la Calma: Elecciones Intermedias para Pasar Factura

Por Rosa María Vázquez y Martha Elva Vázquez

Hartazgo en algunos sectores, los resultados de un mundial desinflado y una oposición que empieza a espabilar son factores que están moldeando el panorama camino a 2027.

Será exactamente dentro de 365 días cuando los mexicanos salgan a las urnas nuevamente para renovar la Cámara de diputados, 17 gubernaturas y más de 2,000 presidencias municipales. El Instituto Nacional Electoral ha establecido el domingo 6 de junio de 2027 como la fecha para llevar a cabo los comicios, mientras mano a mano con las instituciones electorales estatales ha comenzado a definir los cargos en disputa y la logística que deberán atender los partidos.

¿Qué cargos se van a elegir?

En esta ocasión se busca renovar 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas y congresos federales en Aguascalientes, Baja California Nte. y Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas; además de ayuntamientos y alcaldías en 30 estados salvo Coahuila y Quintana Roo.

Así también, en un inicio estaba planificado concluir el proceso de elección de jueces, ministros y magistrados del Poder Judicial comenzado en 2025, para lo cual se planteaba la elección en las urnas de 4 Magistrados electorales de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), 463 Magistrados de Tribunales Colegiados de Circuito y 385 Jueces de Distrito a nivel federal, a los cuales se sumaban otros 424 magistrados y 2,831 jueces locales en 25 entidades federativas, sin embargo una iniciativa enviada por el ejecutivo al congreso avaló el traspaso de esta votación para el domingo 4 de junio de 2028.

Las elecciones más grandes en la historia

Desde su planteamiento se reconoció que estas elecciones serían un desafío logístico, debido en parte a la concurrencia de distintos tipos de elección, la federal, estatal, local y en un principio también la judicial, lo cual le convertiría en uno de los procesos más amplios y complejos de la historia electoral mexicana con al menos 18,390 plazas en disputa, además de la participación según cálculos de 100 millones de ciudadanos.

Ya en la previa para este evento, incluso se ha sugerido la realización de la consulta para revocación de mandato de la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, lo cual según planteamientos de su partido, Morena, permitiría ahorrar recursos, sin embargo el INE ha mencionado que la magnitud de la elección podría superar los 3 mil millones de pesos.

¿Revancha o continuismo?

Aún con los preparativos en puerta y a casi un año de llevarse a cabo estos comicios, el panorama político es complejo. Históricamente, o al menos en las dos últimas elecciones de este tipo así ha sido, estos procesos son vistos por la ciudadanía como una forma de pasar factura al partido en turno, o al que más cargos públicos ostenta.

Si bien, durante los procesos electorales intermedios de 1997, 2003 y 2009 durante los sexenios de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón “el castigo colectivo” a sus gobiernos resultó en bajas de hasta el 11% para sus cargos federales y locales, en el caso de Peña Nieto el golpe final fue asestado en la transición del gobierno con el 14%, mientras que para López Obrador la mella se vio reflejada principalmente en la capital, bastión perenne de la izquierda, pero donde aquella ocasión se perdieron 4 de las alcaldías morenistas y el mapa de quedó dividido en dos con la oposición ganando terreno por primera vez en casi la mitad de las 16 alcaldías.

En 2026 el panorama pinta diferente, si bien las formaciones comienzan a destapar posibles candidatos o a adelantar pasos en sus estructuras de movilización, lo cierto es que la oposición, que pareciera empezar a espabilarse, todavía se encuentra en un punto bajo, disminuida, luchando por renovar su confianza entre el electorado y capitalizando los errores y el desgaste del partido gobernante, aunque no sea de las formas más adecuadas a la vista de los ciudadanos.

Por otro lado, el oficialismo parece encontrarse en aprietos y su escenario tiene pinceladas que recuerdan más el hartazgo en ciertos sectores experimentado durante el último sexenio priista, que el de su antecesor.

La celebración del mundial ha puesto de relieve o magnificado incluso las problemáticas que ya aquejan a la mayor parte de los mexicanos: una inflación que no cesa, la perpetua inseguridad, los miles de desaparecidos, una relación tensa con Estados Unidos dentro de un clima global igual de volátil, y movilizaciones convocadas por transportistas, maestros y agricultores cuyo propósito es alcanzar la capital en vísperas de la inauguración del evento deportivo más grande en décadas.

A estas cuestiones se suma el hartazgo generalizado de los ciudadanos en las tres sedes, ante la destinación de recursos públicos de lo que consideran más una intervención estética que verdaderas mejoras a las infraestructuras urbanas. ¿Será que un evento pensado para el júbilo pueda inclinar la balanza y cambiar el paradigma político actual? ¡Quién sabe! Ya tendremos tiempo para corroborarlo en las urnas y conocer la carta que han decidido jugar los ciudadanos.