T-MEC: ¿Un Verdadero Aliado para México?

Por Alvaro Orozco y Sylvia Leal

Con la revisión obligatoria del tratado en puertas, las preguntas sobre su vigencia y los beneficios para nuestro país empiezan a aflorar.

El 1 de julio se llevará a cabo la primera revisión conjunta de los tres estados implicados en el T-MEC, uno de los tratados comerciales y políticos más importantes del mundo. Un proceso que ha sobrevivido a duras penas a un sinfín de baches para llegar a este punto, entre los que destacan ciertas reticencias por la parte estadounidense de celebrar una renovación del mismo, todo esto en el marco de uno de los períodos más tensos en la relación entre México, Estados Unidos y Canadá.

Si bien el clima de amenaza por el gobierno de Donald Trump ha sido una constante para condicionar la existencia del T-Mec, traducido en aranceles a las importaciones automotrices, señalamientos sobre funcionarios mexicanos y sus relaciones con el crimen organizado, así como un tono fuertemente injerencista que en el contexto político actual ha sucumbido más a una verborrea megalómana sobre la “anexión de Canadá para convertirle en el estado 51” o “entrar en México para combatir a los cárteles”, no ha hecho más que atizar el fuego en las relaciones con sus homólogos Claudia Sheinbaum y Mark Carney, cuyas partes se han mantenido firmes en refrendar que el T-MEC es un vehículo para la prosperidad conjunta de la región.

Carney y Sheinbaum, el nacimiento de un bloque aliado

En vista de la terapia intensiva en la que se han hallado las negociaciones sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, y la respuesta volátil por parte del segundo implicado, no ha resultado sorpresivo el fortalecimiento de la relación bilateral mexicano-canadiense, cuyos mandatarios han emergido como un bloque aliado clave para defender la permanencia del tratado.

Apenas en septiembre pasado ambos mandatarios durante su primera reunión de trabajo en Palacio Nacional acordaron una estrategia integral y un nuevo plan de acción bilateral, los cuales contemplan el desarrollo de proyectos en infraestructura a largo plazo (puertos, ferrocarriles, corredores energéticos), ampliar el comercio en áreas clave como la agricultura, la energía y la salud, así como atender una de las grietas compartidas entre los tres países, la seguridad, apuntalada principalmente por el tráfico de drogas y la trata de personas.

Ante este fortalecimiento en miras de influir en la continuación del T-MEC, el mandatario canadiense apuntó que “Canadá y México están entrando en una nueva era de cooperación. Estamos elevando nuestras alianzas en materia de comercio, inversión, energía y seguridad para crear más oportunidades de trabajo, ampliar los mercados y ofrecer más certeza a los inversores, al tiempo que hacemos de América del Norte la región económica más competitiva y dinámica del mundo” Refrendando estas acciones, los representantes económicos de México, Marcelo Ebrard, y de Canadá, Jamieson Greer enviaron una misiva a sus homólogos estadounidenses cerrando filas en el deseo de extender la vigencia del tratado por 16 años más, aunque en el vecino del norte también han comenzado a sumarse voces en favor de ampliar la vigencia, sobre todo entre el empresariado que sí que ha sufrido los reveses producidos por la guerra arancelaria y la implicación de su gobierno en los conflictos de Medio Oriente y Ucrania.

¿El tratado sigue siendo beneficioso para México?

Hasta ahora, la principal hazaña que han enfrentado los negociantes mexicanos es afianzar la imagen del país como socio confiable y estratégico para EE.UU., principalmente en lo que a cadenas de valor se refiere.

Aunque queramos negarlo, el panorama es claro, México permanece ligado a una dependencia comercial con el vecino del norte, tan solo las cifras publicadas por Jorge A. Castañeda en una columna bastante escéptica para El Economista, indican que el año pasado México tuvo un superávit récord de 84, 064 millones de dólares con EE.UU, sin embargo, del otro lado de la moneda y pese a la guerra comercial que ha entablado con Xi Jinping, la balanza comercial estadounidense todavía se decanta más por el gigante asiático que por su vecino de la frontera sur, con quien compartió un déficit de 46,000 millones de dólares.

Si bien, en un primer lugar se vislumbraba que con el nearshoring, México ocuparía el lugar como principal socio estratégico, las cifras no alcanzan a acentuar estas predicciones. Ante la necesidad de abogar por una extensión del acuerdo para nuestro país existen cinco pilares que indican la importancia de mantenerlo y verlo como una alianza tripartita de cara al futuro:

  • Atracción de Inversiones (Nearshoring): El tratado brinda certidumbre jurídica y reglas estables, lo que posiciona a México como el destino ideal para empresas globales que buscan reubicar sus operaciones cerca de Norteamérica.
  • Integración del Sector Automotriz: Garantiza que los vehículos mantengan libre comercio si cumplen con los requisitos de contenido regional (75%) y salarios competitivos (40% fabricado por trabajadores que ganen más de \(\$16\) dólares por hora), fortaleciendo la manufactura nacional.
  • Impulso al Sector Agroalimentario: Mantiene la apertura comercial sin aranceles para la mayoría de los productos agrícolas, protegiendo un mercado clave para las exportaciones mexicanas en la región.
  • Desarrollo Laboral y Salarial: Exige a México cumplir con estándares de protección de derechos laborales, lo que ha permitido mejoras salariales directas y la promoción de sindicatos democráticos en diversas industrias del país.
  • Protección de la Propiedad Intelectual: Moderniza el acuerdo previo (TLCAN) incluyendo normativas para el comercio digital y la protección de patentes y derechos de autor, vitales para el ecosistema de innovación

Tomando en cuenta estas coyunturas dentro de un entorno global cada vez más fragmentado y la poca confiabilidad institucional, preservar el T-MEC es, ante todo, una apuesta por la certidumbre y la predictibilidad de América del Norte.